Me hallaba tranquilamente tomando un té en el camarote del tren cuando de repente y sin previo aviso se abre la puerta del mismo y aparece un oficial de seguridad ucraniano como sacado de una película de espionaje de Gene Hackman y al que parecía le habían borrado la sonrisa, ordenando en un tono cuartelero mostrar el “passport”. Intuí que estaba llegando a destino. leer más »