
Estimados amigos,
En vista de la Misa para conmemorar las víctimas de Holodomor que se realizará el día Lunes 23 de Junio a las 12:30 hrs., en la Iglesia Catedral de Santiago, ubicada frente a la Plaza de Armas, me gustaría compartir con Ustedes algunos páginas del libro Civiltà Letteraria Ucraina de Oxana Pachlovska, publicado por Carocci Editore, Italia, en el año 1998.
La dignidad de la persona:
El gran tema es el principio universal de la dignidad de la persona y de cómo en diferentes épocas y en diferentes regímenes se le subordina a intereses inferiores, siempre muy mezquinos en comparación al valor supremo de la vida humana. Este no es para nada un tema nuevo, es algo que ha ocurrido en muchos regímenes en distintos países, en distintas épocas. Sin embargo, por sus dimensiones y por la ferocidad con que se violó el principio de la dignidad de la persona el caso ucraniano pasa a ser paradigmático.
El desarrollo de una catástrofe:
El estalinismo ha sido para Ucrania más siniestro aun que una gigantesca masacre indiscriminada para pasar a ser un autentico y muy selectivo etnocidio, un holocausto cuyas consecuencias perdurarán por siempre.
Desde el momento en que Stalin arriba al poder (1927), el control del partido se convierte en absoluto y extendido. Y la Checa (policía política) se preocupa de la sistemática eliminación de los focos de oposición. La sovietización, se traduce en la homologación política, militar, económica y administrativa, orquestada desde el centro del imperio soviético. Así, se instaura un sistema de “dirección y control” en el sector económico. Casi toda la economía ucraniana es sometida a la autoridad central. Cortadas las relaciones directas con el exterior, la industria se encuentra englobada en el tejido económico de la URSS, lo que convierte a Ucrania en completamente dependiente de las decisiones del centro respecto a las finanzas, recursos, proyectos. Así, la trampa comienza a tenderse.
No obstante los masivos esfuerzos ejercidos sin descanso, los primeros Soviets no logran dimensionar inmediatamente el espíritu de autonomía del país. Ucrania de entonces contaba principalmente con una difundida cultura de raíz agrícola, lejana, por tanto, de la larga mano del poder central que no logra llegar a donde quiera ni cortar las alas de su creciente conciencia nacional. En Ucrania de aquella época, el contraste entre la ciudad y el campo es muy fuerte (la gran mayoría de su población era rural): mientras en la ciudad domina el poder soviético, en el mundo rural el modo de vida campesino autóctono sobrevive aun con los vientos en contra y mantiene un abierto rechazo a lo que el mismo régimen soviético llamaba la “dictadura del proletariado”. La clase más “conservadora” representa por tanto un obstáculo mayor sobre la vida de la “revolución”.
Entre Julio y agosto de 1932, Stalin concibió un nuevo análisis de la situación de Ucrania y de sus causas, expresada en carta enviada a Lazar Kaganovitch el 11 de agosto: “(Ucrania) es hoy en día la principal cuestión, estando el Partido y el propio Estado y sus órganos de la policía política, infestado por agentes nacionalistas y espías polacos, corriendo el riesgo de “perder Ucrania” una Ucrania que por el contrario, es necesario transformar en una fortaleza bolchevique.” (Andrea Graziosi, " Les Famines Soviétiques...", art. cit., p.463 . E. A. Rees, "The Changing Nature of Centre–Local Relations in the USSR, 1928–36" in E. A. Rees, ed., Centre-Local Relations in the Stalinist State, 1928-1941, pp. 22-23)
Colectivización:

Son los campesinos quienes pagarán el precio más alto de este “cambio radical”. Stalin llama a la colectivización “revolución desde lo alto”. El grano (que el estado pretender obtener de los campesinos a un “precio político”) tiene una doble función: de un lado sirve para llenar inmoderadamente el voraz vientre de los centros urbanos; del otro, vendido al exterior, sirve para financiar el proceso de industrialización. El “agravamiento de la lucha de clases” justifica cualquier represión en pro de la “construcción del socialismo”. Con la liquidación de los campesinos pudientes (kurkulí o kulakí) Stalin obtiene un doble objetivo: elimina una “clase reaccionaria” y destruye un modo de vida campesino que es el baluarte de una “nación hostil”.
La colectivización forzada llega a su clímax en el invierno de 1929-1930. La suerte de la gente viene confiada a las tristemente célebres trojki, que cuentan con la permanente presencia de un representante de la Checa -antecesora de la KGB- y en aquel entonces conocida como GPU, Gosudarstennoe Politicheskoe Upravlénie (Dirección Política del Estado). La solución más común es la deportación. Son deportados en Siberia, en los campos de concentración, más de un millón de campesinos, la parte más productiva de la agricultura ucraniana. La expropiación de la tierra es llevada a cabo utilizando cuadros comunistas de origen no ucraniano, con el apoyo de tropas especiales de la GPU. Es un proceso dramático, funestamente llevado a cabo con una inaudita crueldad fruto de antiguas rencillas. Toda protesta fue sofocada mediante baños de sangre por el ejercito, incluso ante la desesperada resistencia de las mujeres en defensa de aquellos bienes obtenidos con su sudor.
Hacia 1940 todos los campesinos ucranianos que quedaron fueron absorbidos por los kolcjóz (Kolhosp), cuya proverbial ineficiencia conduce a un brusco empeoramiento del sector, pero antes de eso ocurriría lo que el mundo conoce como el holocausto ucraniano.
El holocausto ucraniano: la hambruna de 1932-1933.

En la historia de muchos pueblos existe un “agujero negro”, alguna tragedia tan grande como para tragarse, sin posibilidad de recuperación a un sector completo de su civilización, y de marcar en forma indeleble su futuro. Tal como los indígenas de América o el holocausto judío, éste es un ejemplo asombroso, ahora que han entrado al conocimiento de ciudadanos comunes del mundo entero. El holocausto ucraniano es la hambruna de 1932-1933, con la cual Stalin asesta un golpe mortal a todo un pueblo y a su cultura. Ucrania aun no se ha recuperado de este drama epocal.
El mecanismo de la hambruna fue estudiado concienzudamente como solución final dirigida contra una parte de la sociedad incorregiblemente renuente a aceptar el dogma del régimen. En 1932, bajo ordenes de Stalin, a los campesinos se les requisó todo el grano cosechado. La “escoba roja” (enviados de los Komsomol y de los comunistas más acérrimos) llevan a cabo la orden con una ferocidad casi demencial. Se llega incluso a formular un soporte jurídico (“crimen contra el estado”) para justificar el exterminio: físico para los más, condena a muerte (o a diez años de campos de concentración) para los sobrevivientes responsables del “Robo contra la propiedad del pueblo”. Así son fuciladas en el acto miles de madres responsables de recoger algunas espigas de grano para calmar el hambre de sus hijos moribundos por la desnutrición (la gente la llama “ley de las cinco espigas”). Junto al grano viene confiscado todo, aun lo indispensable para poder volver a sembrar. Los campesinos no pueden ni siquiera salvarse con su fuga. Pasaportes especiales les impedían toda forma de libre desplazamiento. Y en los confines de la república tropas especiales del Ministerio del Interior tenían la misión de masacrar a los “fugitivos”.
El círculo se cierra. El régimen lo sabe. Mendel khataievich, mandado por Stalin a Ucrania, le escribe en 1933: “Entre los campesinos y nuestro poder hay una lucha feroz. Será un enfrentamiento hasta la última gota de la sangre de ellos. Hay en este momento una prueba de fuerza entre nuestro poder y la resistencia de ellos. El hambre a mostrado quién es más fuerte. Ha costado millones de vidas, pero el sistema de koljoz vivirá para siempre. Hemos vencido la guerra!”
Es cierto su obra vivirá trágicamente para siempre aunque no su régimen.
Stalin era aun más explicito que sus ayudantes al interpretar el verdadero sentido de la guerra contra los campesinos ucranianos “La cuestión campesina era la quintaesencia de la cuestión nacional. En el fondo la cuestión nacional es la cuestión campesina”. Haciendo con ello un clara equivalencia entre campesinado (ucraniano) y nacionalidad (ucraniana). Sin embargo, es el propio Stalin quien desde el inicio deja caer el velo del silencio sobre el tema. En efecto él ordena que el tema “no se trate jamás”. Así en las actas de los congresos y de los plenarios del partido único la palabra hambruna no se menciona jamás. El veto no terminará ni siquiera con la muerte de Stalin y las subsiguientes revelaciones de Nikita Khruchev. Diversas fuentes, fruto de accidentadas investigaciones (que en la ex URSS comienzan recién a finales de los años 80) prueban que en Ucrania murieron de hambre entre 6 y 8 millones de campesinos cuando la cantidad de sus reservas de grano servían para alimentar durante dos años a toda su población, esto no es casualidad puesto que Ucrania siempre fue considerada uno de los graneros de Europa. La catástrofe provocada por la hambruna es incalculable. No hay que olvidar que el objetivo de Stalin respecto a Ucrania era lograr la eliminación total de un legado cultural, con su vitalidad y sus valores y que su objetivo bien valía tomar la vida de algunos millones de campesinos. Para graficar la magnitud de la catástrofe basta decir que en aquella misma Ucrania campesina, con su culto a la familia, a la continuidad generacional, se registraron casos de canibalismo. Personas que fueron sepultadas vivas o en una fosa que llevaba por lápida la puerta de un casa cualquiera entonces abandonada. Sin nada que transmitir a los hijos la vida no tiene sentido. Se desploma toda una estructura ética y cultural que había regido a la nación por más de mil años.
Por otro lado la tragedia se consuma con la complicidad de una parte de occidente -entre ellos en primer lugar la Alemania nazi y la Italia fascista- puesto que se les exporta el grano a precios bajos. Uno de los primeros en denunciar públicamente la situación fue Trotski desde México. Pero aun antes muchos lo sabían, por ejemplo el cónsul italiano, Sergio Gradenigo, quien envía a la autoridad fascista de su país recuentos detallados de aquello que estaba sucediendo en Ucrania. Testimonia con una claridad escalofriante “Los hambrientos no son considerados víctimas de una espantosa tragedia, sino que víctimas de su misma culpa en cuanto son enemigos de la nueva construcción socialista” Las razones de la hambruna son inequívocas: resistencia de los campesinos a la economía colectivista; la imposibilidad de reducir este material etnográfico al tipo comunista integral; “la necesidad o comodidad más o menos pálidamente reconocida de desnacionalizar regiones (...), donde para la homogeneidad del imperio es mejor que residan mayoritariamente poblaciones de etnias no ucranianas”.
Así, luego de la catástrofe humana comienza el remplazo etnico, con ello la trama queda servida."
Traducción: Cristián Muñoz.