Hace ya 3 meses que vivo en Rusia, especificamente en St. Petersburgo, junto a mi querida esposa Katya que es oriunda de esta notable cuidad.
Decidí titular este pequeño escrito como “Rusia, tierra de paradigmas” por el hecho que para nadie es ajeno el escuchar y “saber” de oídos muchos aspectos de Rusia y su cultura, sin embargo al llegar aca, no tan solo en calidad de turista, sino viviendo y conviviendo el día a día con este singular pueblo, tanto las espectativas positivas como negativas que se puedan traer siempre son diferentes a las que realmente pretendíamos encontrar.
St. Petersburgo es una cuidad increíblemente hermosa. Sus calles adoquinadas, el estilo clásico de la arquitectura mas los canales que la atraviesan, con sus pequeñas embarcaciones y el gran Neva, solemne y pausado, decoran la ciudad que no por nada ha recibido el nombre de la Viena de este. Justamente fue en época de verano en que he experimentado mis primeros meses aquí, y que es sin dudas la temporada mas agradable del año donde la cuidad brilla en esplendor. He recorrido museos y parques mas de una vez cada uno de ellos, sin sentir ni un atisbo de astío o repetitividad, sintiendo y descubriendo con cada ápice de brisa del golfo y con cada sombra que cambia de posición una nueva visión de las majestuosas esculturas italianas, los lienzos y las magníficas obras en general que se exponen a quienes con asombro contemplamos los pasos de la historia en estos edificios que, con su solidez, remarcan el por qué la grandeza de la cual fuera capital de los Tsares por siglos.
Desde que conocí a quien es hoy mi amada mujer, a través de los medios y comentarios de amigos siempre estuve atento a registrar cualquier comentario que se hiciese sobre Rusia La consecuencia de prestar oídos a ello concluyó en que mis temores fuesen mas que mis esperanzas cuando arrivamos el pasado junio. Primero he de decir que me impresionó el ver que la cuidad es y se matiene bastate limpia, libre de grafitis y basura en las calles. Honestamente hasta he sentido envidia por ello, ya que denota una consciencia por lo propio que los chilenos solemos reclamar mas que cumplir. También he prescenciado mas de un gran evento, sean conciertos o celebraciones de la cuidad, como “Vela Roja” en los cuales se mueven grandes masas de gente, y corre obviamente mucho alochol. Sin embargo no vi siquiera una persona tratando de rayar el Ermitage o tirandole botellas o piedras a los autos ni nada comparado con los actos de vandalismo que en Chile lamentablemente son tan comunes con la excusa de “libertad de expresión” y que , siendo honesto, esperaba también encontrar aquí.
Con respecto a las relaciones humanas y el carácter eslavo, he de decir que lo primero que me impresionó fue prescenciar una conversación donde los rusos simplemente se gritonean unos a otros, sin ser esto mas que una conversación normal y no ser una discusión en si. Esto choca sin dudas y esta claramente relacionado con el gran peso que fueron los años del comunismo en Rusia. No quiero caer en comentarios políticos ni hacer de este escrito una suerte de análisis al respecto, solo quiero aclarar que es muy notorio la falta de expresión y respeto que este pueblo vivió por casi 100 años, sino más. La gente tiene una “rabia” guardada, un hambre de ser respetado, y en cualquier momento, a la menor tensión, esta frustración brota en busca de ser la verdad que siempre estuvo reprimida por tanto tiempo. Por eso es que hay que tener mucho tacto para conversar con los Rusos, sobre todo cuando se ponen en juego opiniones personales. Si he hecho muy buenos amigos y hay lealtad y honestidad en la palabra empeñada, otro gran factor austente en nuestra cotidianidad chilena. Asimismo hay que saber cumplir, y rápido, cuando se toma un compromiso para no perder credibilidad. Me agrada también la simpleza y honestidad que se refleja en los rostros de los cuidadanos, sin querer y parecer “sofisticados” como el estándar europeo. Eso es grato cuando se toman un par de copas o se va por unas shashliki al lodaga.
En cuanto a los servicios, una vez mas pesa el modelo impuesto. Quienes prestan serivicios, ya sea en el hospital o en el café de la esquina, creen que simplemente te estan haciendo un favor. Hay bastante despotismo, sobre todo en los serivcios públicos. El hacer cola y esperar a que la vendedora de pasajes de tren termine de tomar café es del diario vivir, y lamentablemente no hay mucho que hacer al respecto, tan impuesto ha sido el sistema burocrático. Hay indicios de cambio sin duda y en los años por venir de seguro esta situación irá cambiando positivamente, ya que son los mismos Rusos que con las experiencias que recogen sus viajes, los que ven como funcionan los servicios en otros países y que desean y generan cambios para su propio sistema en sí.
Pasando a un tema mas familiar, la cocina Rusa es sin dudas espléndida. Hay muchos ingredientes que son similares a los que estamos acostumbrados, pero la forma de combinarlos y sazonarlos hacen el efecto singular de su gusto. Me gusta el ver que las mujeres sin que saben cocinar aca, y que se esmeran por hacerlo bien. Soy un fanático de tortas y queques, y aquí me he sentido sin dudas como en un paraíso. Las sopas tambien son excelentes, no es tan solo un agua sazonada que acompaña al plato principal, como suele ocurrir en muchos de los menú que tenemos en Chile para el almuerzo. Es posible tomar solo la sopa y ya no necesitar más, sea en casa como en cualquier restorán. Hay que medirse eso sí. Cuando mamá ve que disfrutas la comida la repetición de platos puede ser infinita. Recuerdo que probé Tuarog por primera vez en mi primer desayuno. Dije:- Oh! Que rico que es el Tuarog!. Al día siguiente tenia frente a mi, para el desayuno, alrededor de 15 tipos de Tuarog distintos y con la obligación de comerlos todos, o al menos probarlos en una cantidad considerable. Asi que estimados compatriotas, pongan cuidado cuando desean expresar su satisfacción por la comida, a menos que esten dispuestos a asumir las consecuencias.
Hay un verbo que es importantísimo aprender del idioma Ruso: OTDYHAT, que significa descansar. En verano todos los rusos OTDYHAYUT, es decir hay vacaciones, y no de menos de 1 mes. Lo mas típico es ir a Dacha, es decir la cabaña de verano, para comer unos “fierritos” rusos, que ya ustedes han de conocer en mayoría, Shashliki. Esta es la instancia que mas me hace recordar Chile y nuestra idiosincracia, y es uno de los momentos que mas he disfrutado en mis estadía.
Con la autorización de Katya, he de referirme a las mujeres Rusas. Pasear por Nevskii a media tarde un día de verano es sin infinitamente mejor que prescenciar cualquier desfile de modas. Las Rusas son simplemente las mujeres mas hermosas del planeta, y probablemente de algunos sistemas planetarios alrededor del nuestro. Altivas, con carácter, piel rosada y tersa que, en los soleados días, dejan lucir con naturalidad bajo mínimas y solo justas prendas que cumplen con el objetivo de decorar sinuosamente esas siluetas espléndidas, frescas, expresivas y firmes. Asimismo el hecho de que la mujer Rusa quiere SER MUJER es lo que mas me maravilla de ellas; aburrido, a modo personal, de nuestra idiosincracia occidental de la competencia por “ser más” que el hombre y no solo aceptar las diferencias y cualidades que cada genero posee. Soy un admirador devoto de la belleza de las Rusas, que tan bien combina con su forma de ser.
Bueno, creo que me he extendido mas alla de lo que tenía estimado. He de seguir disfrutando y aprendiendo de Rusia en los meses por venir. Espero sin dudas que pronto, en nuestra visita a Chile, podamos reunirnos y disfrutar de esta singularidad que nos une como inmensa minoría, de ser unificadores de nuestras culturas y de una nueva experiencia de vida.
Saludos.
Miguel Angel Ullivarri Valdivia.
St. Petersburgo. Septiembre 2007.
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